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Adrian
Belew, Trey Gunn, Robert Fripp, Pat Mastelotto |
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THE
POWER TO BELIEVE IN THE KING
El
suceso en sí lo puedo recordar como algo que duro tan
solo unos segundos. Pero estar frente a la Corte, siendo yo una
insignificante plebe, es una fortuna que solo Dios brinda a los
elegidos.
Cierto
es que el Rey se negó rotundamente a hablar... un esbozo
de sonrisa con Belew, un perfil que dejó apreciar a sus
súbditos; la serenidad de su aura, sobre un banquillo:
no más.
She
carries me through days of apathy... con una
voz angelical, mostrando que las palabras son tan sinceras
como los sentimientos siempre y cuando se acompañen
de notas melódicas, música Carmesí.
El concierto dio como introducción The
power to believe I: a cappella.
De
ahí en adelante, comenzamos a soñar con pertenecer
a la Corte y dejar de ser vil mortales; soñamos con tomar
la batuta y dirigir los acordes; soñamos con ser los dueños
del micrófono e interpretar todo el repertorio. Soñamos
que King Crimson regresara... lo hizo, después de dos
años, y nos pusimos a sus pies.
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Recordar
el orden de las piezas me es difícil; pero puedo expresar
los sentimientos que producen cada una de ellas al crear atmósferas
inimaginables, producto de algo consciente, algo vivido.
No
necesitamos de ninguna sustancia, yerba o algún tipo de
droga para lograr elevarnos, las depresiones no tenían
cabida en el Auditorio Nacional. Prozac
blues fue la mejor receta para comenzar con el malviaje
del que fuimos participes.
Escuchamos
los límites que pueden ser logrados con la voz, gracias
a un distorsionador. De la voz angelical al desgarre con el que
sueles despertar esta mañana en una nube de
desesperación... Fuimos
espectadores de tres grandes discos durante el concierto: Thrak,
Construcktion of light y Level five que ya nos mostraba lo que
terminó siendo un disco de estudio con The power to believe.
Discos en los que la alineación fue la misma: Adrian Belew,
Robert Fripp, Trey Gunn y Pat Mastelotto (Bruford y Levin colaboraron
en Thrak y Construcktion). Quizá de ahí el que
la nueva vida de Crimson gire en torno a los discos mencionados
y sólo dejen apreciar en un suspiro algunos temas anteriores
a la última etapa crimsoniana. Pero siempre existe una
esperanza ante los anhelos...
Y
que mejor cumplimiento que Elephant Talk...
con una entonación fuera de lugar, Belew se divirtió tanto
como los espectadores repetitivos, con un biker,
biker, biker constante y un chit chat
chit chat, sin contradicciones. Todo aquello algo
crítico.
Level
five se
vivió en carne propia, no sólo penetraba la densidad
de la pieza, por si fuera poco, el lugar en el que estuvieras,
retumbó como si la estampida de Dinosaurios se acercara
a gran velocidad.
Los
decibeles perdieron cordura con Dangerous
Curves; resultaba peligroso el concentrar tu atención
en un solo creador, tu mirada tenía que estar captando
un zoom al 100% del escenario.
Elecktrik fue
la pieza maestra producto del último trabajo de estudio.
No toda pieza necesita de palabras... la música es en
sí su todo. No hay más.
Pero
no todo fue peligro, movimiento rápido de dedos y manos;
la adrenalina también se desborda ante melodías
inspiradas en sentimientos vanos (ó ¿vagos?), como
el amor. Trey daba tono a notas desconocidas, más tarde
Adrian y Robert estaban a la par con un Patrick que demostraba
que las percusiones también reflejan sentimientos puros
con tonos bajos y suaves... One time fue
tan exorbitante que la versión del disco es mero conocimiento
previo, ya que esta vez hubo una pequeña modificación:
antes de repetir las estrofas, se hizo un enlace a Lark’s
Tongues in Aspic-Part IV, retomando nuevamente los acordes
de One Time. Simplemente genial.
La
intención no era deprimirnos... así que, la construcción
proliferaba minuto a minuto. Y si Dios está muerto...
qué soy!! Y si King Crimson dejará de
existir... qué diablos será de nosotros. The
construcktion of light se escuchó tan excelente
como el concierto anterior y mejor aún que en Level five.
Al entonar la frase the construction of light,
atraigo la mirada de Belew ante el señalamiento de que
ellos son los constructores de la luz y él esboza una
sonrisa que aún la tengo en mente.
I’m
a dinosaur... Somebody is diggin
my bones. Mmmmmmm... no tengo palabras. Simplemente
la disfrute y creo que no fui la única, alguien más
la siguió cantando toda la noche.
Al
final, un gran abrazo fraternal en un extremo del escenario ante
el preludio al fin... la despedida no fue aceptada. Los aplausos
y el inminente coro de Crimson, Crimson, Crimson llenó de
gusto a Fripp para aceptar un encore esperado por los miles de
fans.
Acompañe
el primer encore con lágrimas que son inevitables por
los flashback que me vienen a la mente, no todos con mucho agrado,
otros con resignación. Deception
of the Thrush no requirió de Belew; Trey fue el
protagonista en las altas y bajas ondas de sonido. Pat mostró que
es dueño de su papel gracias a sus habilidades no sólo
para ejecutar batería y percusiones al mismo tiempo, sino
para contribuir con creaciones de inspiración propias
ad hoc al momento.
La
amenaza de otro deceso del momento al despedirse y ocultarse
tras bambalinas, no fue lograda gracias a todos los que no dejamos
morir el momento cumbre de la pasión por la música.
Se
pensó dos veces el regreso a escenario; a la derecha del
lugar se podía observar a un Trey y un Pat intercambiando
palabras, sonrisas y concordando con la decisión de retomar
el timón siempre y cuando Robert lo permitiera.
Nadie
puede dejar en el olvido su pasado; mucho o poco pesa en el presente.
Y si tu entorno te lo exige como algo extra y/o alterno, solo
para recordar lo que nunca pudimos vivir en su momento, es grato
ser participe de aquellos tiempos. Red,
hoy por hoy, es la pieza lograda que no puede tener modificaciones,
que sólo es digna de interpretarse por un miembro Crimson
y que prende tanto cómo si fuera el disco, del mismo nombre,
el producto de la gira.
Volaron
plumillas por todas partes: obsequió de Trey y Adrian.
Pat por su parte, hacía lo mismo con los drumstick y algunos
drumset.
Las
luces encendidas anunciaban el fin del Rey... La Corte se había
retirado. La plebe, en un mínimo porcentaje, buscaba la
salida. Otros más permanecimos con la gran esperanza de
que el corazón de Fripp mostrara un poco de compasión
por su pueblo que lo estima.
La
gente se arremolinó frente al escenario, la seguridad
no pudo con nosotros. La insistencia logró que el cuarteto
regresara sorpresivamente con las luces encendidas y entrando
por el lado opuesto a su salida.
Eramos
una comunidad fraternal que no tenía otra cosa en mente,
cuerpo y alma, que no fuera Crimson.
Los
primeros acordes de Frame by frame para
muchos fueron significativos por ser la última canción
a tocar, al igual que la gira anterior en su primer concierto
en el Teatro Metropólitan. Corear la canción al
unísono fue algo tan poderoso que los espacios ya no eran
ajenos a nosotros, tomamos, por así decirlo, el lugar
para demostrar que la frase Larga vida al Rey la crea el propio
Rey y su Corte, en una atmósfera Carmesí.
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POSTERIOR
AL CONCIERTO
Lo siento, no puedo dejar
pasar lo que sucedió posterior
al concierto.
No voy a decir cómo diablos logramos movernos de las butacas
a otro punto más del Auditorio Nacional, simplemente le
doy gracias a mi gran amigo, Jesús Quintero (melómano
del diario El Independiente), el lograr lo que en su momento fue
sueño, que se cumpliera tan real cómo nunca lo pude
esperar.
Antes de llegar a camerinos,
los nervios invaden mi cuerpo y por un momento pienso que mis
ojos me engañan pero mi estridente
grito de ¡¡¡ahí está Adrian!!!,
es inconfundible. Sacamos de las bolsas los librillos que llevábamos
de algunos discos de King Crimson (de varias épocas) y pedimos
que nos regalara un autógrafo en cada uno de los librillos.
La sencillez del tipo es tan
grande como su pasión por
la música... él accede a plasmar de puño y
letras los garabatos significativos para el fan. Ahora en Thrak
no solo tengo un gran disco y un autógrafo de Belew, también
tengo un corazón dibujado por él mismo.
Terminado el ritual del autógrafo,
procede a brindarme un gran abrazo y un beso (aclaro: en mejilla)
de despedida. Primer
incidente que me deja al borde un colapso nervioso. Wooow!
Nos dirigimos a las afueras
de los camerinos. Unas simples puertas blancas, pequeñas, las cuales tienen una hoja pegada que
dicen: Camerinos personales – King Crimson (con una gran
estrella azul).
Esperamos y esperamos. La
plática se vuelve tensa, ya que
un tipo negro voltea insistentemente a vernos y pide que desalojemos
el lugar, de lo contrario no saldrá el resto de la banda.
Salimos del pasillo dónde estaban los camerinos. Afuera
estaba oscuro, habíamos 4 personas ahí. No conforme
con sacarnos del pasillo, el tipo negro insiste nuevamente en que
no podemos permanecer en un lugar por donde saldrá Fripp.
Me doy cuenta de que la preocupación es por Fripp y no por
el resto de los chicos. Definitivamente un elemento de seguridad
nos pide que pasemos del otro lado del escenario y ahí esperemos
a que Mastelotto salga a dar autógrafos.
Al cruzar el escenario, le
digo a Jesús que el tipo que
esta desmontando batería y percusiones se parece a Pat.
Insisto en que se parece a Pat y Jesús me dice que no, se
parece pero no es. O.K., ya alucino.- es mi respuesta.
Antes de llegar al otro extremo
del escenario veo claramente como Trey Gunn se retira para ingresar
a camerinos... ggggrrrrr!!! Mi
primera expresión es de: no puede ser!!! En fin, Jesús
saluda a algunos conocidos, nos cuentan que ya estuvo Trey y Pat
ahí, lo cuál me hace pensar que ya no los volveremos
a ver.
Un chico y su novia se acercan
y comenzamos a charlar con ellos mil cosas sobre Crimson. Después de un rato y de que ya
se habían retirado la mayoría de los chicos que tuvieron
autorización para ingresar a backstage, sale en primer instancia
Mastelotto y nos damos cuenta de que efectivamente era él
quién desmontaba gran parte de su artillería. Nos
dirigimos inmediatamente a pedirle el apreciado autógrafo
y accede con mucho gusto. El tipo es muy sencillo, más o
menos que Adrian, no importa. Le digo que me regale un drumstick
y me pide disculpas pero que todo su equipo ya estaba en estuche
y lo que había aventado al final del concierto era todo...
sorry!... segundo incidente que me dejo al borde de la locura:
su cara al decir i’m sorry fue la de un niño que niega
tener la culpa, con ojos brillados y voz angelical.
Brinda más autógrafos... y la sorpresa es que Trey
nuevamente sale. Mis pies parecían automáticos y
lo único que hacían eran moverse tan rápido
como se pudiera. Igualmente le pido un autógrafo y antes
de eso me da un saludo al cuál contestó con la mano
derecha (en la izquierda tenía mis librillos por autografiar)
y él con ambas manos me da el saludo. Mientras firma el último
de mis librillos y el del resto de los presentes ahí, pregunto
si lo veremos el próximo año y su respuesta es que él
así lo espera... Pregunto ¿dónde está Trey
Gunn Band? y contesta que de vacaciones... wooowww!
¿Qué mas puede pedir una fan de Crimson si no es
que convivir como lo he hecho con los integrantes de la banda?
Durante todo el momento de los autógrafos, perdí la
noción y el entusiasmo de buscar algo (quizá lo mínimo)
de Fripp; ellos eran lo todo.
Trey se retira dando las gracias y Pat continúa dando
autógrafos. Mientras esto ocurría, una chico de
su staff se perfila a tomar una foto y pide que todos nos juntemos
para salir en la misma... imaginen que cara ponemos todos los
presentes, si no es de felicidad!!!
También da las gracias y se retira no sin antes despedirme
de beso de él... no podía dejar pasar la oportunidad.
Después de eso, sólo
el recuento de lo que obtuve:
• 4 librillos con autógrafos
de Adrian, Pat y Trey (Thrak, Construcktion of light, Happy with
wath you have to be
y The power to believe)
•
El CD Bozzio / Mastelotto, cómo obsequió de Jesús.
•
La playera oficial (afortunadamente alcance, gracias a Jesús
que también la adquirió antes de que volaran) con
la portada del Happy with...
• Intercambiar, pocas pero significativas, palabras con Adrian, Pat
y Trey.
• Dos nuevos amigos, uno de ellos muy crimsoniano (Ariel)
•
Una cerveza fría, una platica amena e interesante con
Jesús
y nuestros dos nuevos amigos en el Hard Rock Café...
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Rocio
Sánchez -
México - Noviembre de 2003
ENTRE
LA PASIÓN Y LO INMUTABLE
Jesús
Quintero
El Independiente - México - Viernes 21 de noviembre de 2003.
Núm. 170
Igual
que su música, King Crimson está compuesto de elementos
contrarios: lo imperturbable se une a lo apasionado, la delicadeza
a la rotundez, la improvisación al riff demoledor, el
silencio a la masa sonora que no deja inmunes los sentidos.
Si
alguien llegó al Auditorio Nacional con la esperanza de
asir al King Crimson de álbumes como In the Court of Crimson
King o Starless & Bible Black, seguramente salió desilusionado
porque el proyecto comandado por Robert Fripp ha crecido más
rápido que el gusto personal de muchos fans.
Mutante,
impredecible, inaprensible, la música actual de King Crimson
tiene su raíz más honda en el álbum Lark’s
Tongues in Aspic (1973), que el mismo Fripp define como la grabación
con la que comenzó a encontrar su voz. Allí aparecen
los claroscuros que hoy distinguen al nuovo metal del cuarteto
y que apenas mantiene resabios del sonido post-new wave del periodo
1981-84.
Menos
heavy, sin embargo, que en su visita en agosto de hace dos años,
el King Crimson que el miércoles cerró en esta
ciudad una extensa gira mundial mostró un balance de pesadez
y delicadeza que exige de cada uno de sus miembros un nivel tan
alto de calidad que parece imposible que de cuatro individuos
emane esa entidad sonora tan compleja y, al mismo tiempo, familiar
(¿hay alguien en la escena que puntee una guitarra como
lo hace Fripp? Nadie).
Sin
necesidad de hacer salivar al público con solos que son
meros ejercicios onanistas, cada uno de los integrantes de King
Crimson mostró que en ese proyecto hay espacio para los
individuos y la suma de éstos: Trey Gunn maniobra sus
touch guitars como si nada más estuviera jugueteando,
pero la vasta gama de tonos graves que de ellas emanan permiten
corroborar que su sentido de la construcción no deja un
solo hueco sin cubrir. Y si tiene que emplear dos guitarras Warr
de manera simultánea, lo hace sin esos alardes pirotécnicos
de los que el rock está colmado.
Un
momento clave: cuando en “Dangerous Curves” lanzó una
frecuencia sonora tan baja que todos los cuerpos comenzaron a
vibrar como si estuvieran montados sobre una motocicleta en marcha.
Pat
Mastelotto rebasa por mucho el papel de baterista. Artífice
rodeado con tres paredes de percusiones, que se vale de arcos,
sierras, maracas de todo tipo y un arsenal percusivo que está allí para
ser empleado y no sólo para ocupar espacio, Mastelotto
no vive ya bajo la sombra de Bill Bruford; su técnica
y las soluciones que brinda a la escampada gramática melódica
del conjunto poseen un sello propio.
Adrian
Belew, por su parte, es el puente con el que Fripp parece asomarse
a un mundo más atento a las emociones. Su capacidad para
hacer que de sus aporreadas guitarras Fender Stratocaster surjan
elefantes barritando o armonías que se enredan lúdicamente
en el ramaje que construye el líder del grupo, junto a
sus virtudes como percusionista (no hay que olvidar que su primer
instrumento, siendo niño, fue una batería), amén
de ser el único de los músicos sobre el escenario
que canta y sonríe, lo han convertido en un elemento de
balance que le ha quitado a King Crimson la pátina de
seriedad que en 1974 parecía solidificada al grupo.
Y
Robert Fripp: monástico, inmutable, con sólo su
oído izquierdo abierto a la atmósfera (el derecho
traía un audífono), sentado en la sombra y con
la mirada puesta en sus compañeros. Ajeno en apariencia
a los aullidos de admiración, el músico de 57 años
lanza lo mismo mantas sonoras que espinas con una digitación
que parece más inscrita en piano que en guitarra. Pero
como antes en el Teatro Metropólitan, al final su semblante
cambió y además de otear el horizonte protegiéndose
con las manos de la luz, se levantó, estrechó la
mano de Belew y se unió a los aplausos que público
y el mismo grupo se tributaron; unos pasmados, los otros –Fripp,
Belew, Gunn y Mastelotto– agradecidos.
A
la salida las palabras de Fripp que cierran el Tour Book sonaban
más que certeras: “Por fortuna no forma parte de
la naturaleza de la música esconderse de quien desea escucharla,
ni de aquellos que desean darle voz. La benevolencia del impulso
musical es más grande de lo que conocemos y algunas veces
más de lo que podemos admitir”.
ALGO
DE LO QUE SE OYÓ
“ The
Power to Believe I: A Capella”
“ Level Five”
“ ProzacK Blues”
“ The ConstrucKtion of Light”
“ Dinosaur”
“ One Time”
“ Elektrik”
“ Facts of Life”
“ The Power to Believe II”
“ Happy With What You Have to Be Happy With...”
“ Dangerous Curves”
“ Red”
“ Elephant Talk”
“ Frame by Frame”
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